'Times Square can't shine as bright as you'

lunes, 12 de octubre de 2015

XXXII

El frío cuero de tu chaqueta
contrastaba con el calor de mis mejillas
y me preguntaste cómo podía quererte,
pero yo solo podía pensar en tus labios.
Mientras me abrazabas me fui,
no sé a dónde ni cómo,
pero en un momento
ya no me abrazabas,
ni estabas allí conmigo.
Sin embargo podía sentirte aún
y eso era suficiente para mi.

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sábado, 3 de octubre de 2015

XXXI

Te miro como la estrella
más bonita en el cielo
que me alumbra todas las noches
a la vera de mi ventana
escribiendo las cosas que nunca dije.
Te miro como miro al cielo
cuando la luna está afuera,
con mis ojos brillando
por la pálida luz blanca
que destellas.
Te miro porque lo adornas

de miles de estrellas.

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sábado, 20 de junio de 2015

XXX

Se podía oír
cómo se rompió su corazón.
Pero cada vez que él la miraba
todo el dolor desaparecía,
porque lo único que a ella le importaba
era que sus ojos la siguieran,
que el supiera que ella existía.
Y que lo hacía por él.

Entonces ella se entristecía
porque algo le susurraba
lo imposible que parecía
que una vez ella existiese para alguien.

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lunes, 15 de junio de 2015

XXIX

Me gustaría saber si duele.
Si te sigue doliendo verme
caminar por los pasillos
apenas mirándote.
Quiero saber si tu corazón
sigue doliendo cuando me ves
alejarme de ti.
Quiero poder leerte
como si fueras mi libro favorito
y ver si alguna vez hice que te doliera
tanto como me duele a mi.
                                                       
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domingo, 3 de mayo de 2015

XXVIII

Ojalá supiera cómo funciona tu cerebro
y así poder mirarte y ver
cómo te sientes sobre mi y cómo
querías que fuera.
Pero no puedo, y eso, cambia todo
lo que puedo hacer para que te enamores
tan fuerte como yo me enamoré de ti.
No puedo hacer nada al respecto,
sólo aceptar el hecho de que no podemos ser
más que extraños que a veces
cruzan miradas para saber que ambos
estamos pensando en la otra persona.

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domingo, 26 de abril de 2015

XXVII

El sabor del café amargo me recuerda
todas la veces que debí callar y,
sin embargo hablé para decirte
lo importante que eras para mi.
Debí haber callado en el momento que dijiste:
"tenemos que hablar", y ahora,
tomando el café junto la mesa en la que pasó
el recuerdo se me atraganta en la memoria
como si se hubiera roto la cinta.
Recuerdo cómo el café frío se peleaba
con el nudo en mi garganta, y que al final
logré decirte adiós con el sabor amargo
tiñendo mi voz. Y tú te fuiste, sin preocuparte
de que tu café también se había enfriado.

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jueves, 26 de marzo de 2015

Spaces

Su respiración pausada hacía el silencio de la sala aún más ensordecedor de lo que ya era. Aquella noticia había causado el silencio y la desesperación que inundó a aquella tímida chica que supo su primera risa verdadera con aquel grupo de chicos totalmente desconocidos para ella.
Quería llorar. Quería gritar hasta que sintiera el mismo dolor físico que emocional. En un mísero instante había vuelto a aquel círculo negro que antes la rodeaba. La necesidad de apaciguar aquella cólera instantánea emanó de ella como nunca lo había hecho. Aunque el sentimiento fuera casi desconocido para ella, lo recibió como un viejo amigo para dejarlo actuar en toda ella como un perfecto igual.
Quería, sentía que sus pulmones debían sangrar de la misma forma -literal- que lo hacía su corazón en ese momento. Las sienes le palpitaban incluso más fuerte que su órgano principal. Sentía que su piel ardía sobre la sangre que éste bombeaba. Necesitaba calmarse, calmarlo.
Levantó los ojos de sus muñecas prácticamente como papel cortado y vislumbró la foto de aquel grupo de chicos y pensó en todas la veces que esa foto había evitado que ella llorara y la idea de que esa misma foto la hacía llorar ahora, fue una ironía que decidió no tomar. No estaba preparada. Nunca lo había estado a pesar de todas las veces que su mente le había debatido la posibilidad de uno de ellos dejándola. Y ahora estaba pasando mientras ella creía que aquella ridícula situación podía ser una completa farsa.
Volvió, por otra vez, a leer el artículo que confirmaba lo que la había puesto en esa situación en primer lugar. Era como si todo su cuerpo, cada parte en sí misma, hubiese aceptado el hecho de que uno de ellos sí que la estaba dejando; mientras que aquel conjunto, ahora de completos nervios y palabras indefinibles, no acababa de procesar las palabras que aparecían en la pantalla del ordenador.
La incredulidad ya no llenaba sus ojos apenas, sin embargo algo más profundo empezó a formarse en el fondo de éstos. Algo tan amargo casi como la pura rabia tras una traición. Y es que eso sentía ella. Como una llamarada incendiando lo que le había costado tanto crear.
¿Y las promesas? ¿Qué fueron de ellas? ¿De los momentos? ¿Tiene que ser algo más que esto, verdad? ¿Simplemente las pequeñas cosas desaparecieron? ¿Cambiaste tu mente sobre todo?
Tantas preguntas con tan pocas respuestas. Dónde irá mi corazón ahora, si está roto, mientras el espacio entre nosotros se hace más grande cada vez.
La chica sentía que, de alguna forma, esas preguntas iban a perecer ahí, en el aire.
Pero una de ellas sí tendría respuesta en contra de las otras: ¿Podemos empezarlo todo de nuevo?

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